La puesta en marcha de Empresas en 24 Horas (E24H) vuelve a poner sobre la mesa una discusión de fondo sobre gestión pública y resultados: hasta qué punto cambia de verdad una nueva plataforma cuando el Estado lleva años prometiendo simplificación. La propuesta permite completar la constitución de una empresa en un día mediante un proceso integrado y automatizado, pero aparece después de antecedentes ya existentes, como Formalízate desde 2013 y la meta de apertura en 24 horas incluida en Burocracia Cero.
Ese recorrido previo obliga a leer el anuncio con cautela. El texto original admite que E24H busca ser una etapa superior de un esfuerzo que viene de tiempo atrás, aunque también reconoce que todavía falta ver qué añade a lo ya conseguido. En su primera fase, el programa se limita a determinados tipos de empresas con domicilio en el Distrito Nacional, una restricción que contrasta con el alcance transformador que su presentación sugiere.
Los antecedentes dejan señales útiles, pero también elevan la vara de la fiscalización. Una evaluación del Banco Interamericano de Desarrollo concluyó que Formalízate incrementó cerca de 30% la entrada de microempresas al sector formal en las zonas donde se aplicó, lo que confirma que el tiempo, los costos y la complejidad burocrática siguen siendo barreras reales. Por eso, más que celebrar la promesa, lo decisivo será comprobar si E24H cumple las 24 horas, si consigue expandirse al resto del país y si sus avances se publican con transparencia, en un aparato burocrático que el propio texto describe como resistente.
