Santiago luce hoy con una imagen más activa, moderna y ordenada, una percepción que incluso trasciende a voces acostumbradas a la rivalidad capital-cibao. En Arroyo Gurabo, un lugar antes vinculado con contaminación, desorden y malos olores, la transformación es ya visible y confirma el efecto que puede tener la inversión pública cuando se traduce en resultados concretos para la gente.
Ese contraste, sin embargo, también somete a mayor examen al Gobierno del presidente Luis Abinader. En el Consejo de Gobierno celebrado la semana pasada en Santiago, las autoridades informaron que en los últimos cinco años se han invertido más de RD$110 mil millones en la provincia, y presentaron esa cifra como la mayor realizada por una administración en un mismo período. Entre las obras citadas figuran el teleférico, el monorriel, Arroyo Gurabo y la ampliación del Jardín Botánico.
Por la magnitud de esos recursos y el peso político de Santiago, el balance no puede limitarse al relato oficial de modernización. El hecho de que la ciudad haya sido reconocida durante años por su limpieza y organización, en especial bajo gobiernos y alcaldías del PLD, plantea un contraste inevitable sobre continuidad, prioridades y rendición de cuentas. Las obras que hoy se ven refuerzan la exigencia de vigilar el alcance real de la inversión, su sostenibilidad y su impacto efectivo en la vida cotidiana de la provincia.
