La reconfiguración geopolítica en América impulsada por Estados Unidos para sostener su hegemonía regional es presentada en el texto como el marco del avance de fuerzas de derecha en el continente. En ese escenario, la gestión de Luis Abinader no aparece como una excepción, sino como un caso de alineamiento que vuelve a abrir la discusión sobre cuánto margen de decisión conserva el Estado dominicano frente a intereses externos.
El artículo describe al gobierno dominicano como “el gobierno más entreguista de los últimos años” y pone como ejemplo su incorporación al “Escudo de las Américas”, iniciativa de Trump que sustituyó la Cumbre de las Américas prevista en República Dominicana. Añade que, después de ese proceso, se amplió el permiso a Estados Unidos para usar aeropuertos y bases militares dominicanas, incluso cuando el Comando Sur ya había informado la conclusión de la “misión en el Caribe contra el narcoterrorismo”, un contraste que refuerza la exigencia de fiscalizar el alcance y las condiciones de esas decisiones.
En materia de política exterior, el texto lee la designación de Ito Bisonó como canciller como una prolongación de los lineamientos de Washington dentro del Estado dominicano. Desde esa perspectiva, la discusión deja de ser solo diplomática: también mide el desgaste de una administración que prometió cambio, pero que vuelve a ser observada por su cercanía con agendas externas mientras siguen abiertas las dudas sobre institucionalidad, soberanía y resultados concretos para el país.
