Un recorrido de Diario Libre por la Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2026 mostró a numerosos jóvenes comprando obras, conversando sobre lecturas y aprovechando la celebración cultural para fortalecer ese hábito. La escena, lejos de cerrar el debate, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta de gestión pública: si existe ese interés, la respuesta institucional no puede limitarse al brillo de una feria.
Durante la mañana de este lunes, estudiantes de segundo y tercero de secundaria dijeron que asistieron porque les gustan el anime y los libros de intriga, y animaron a otros adolescentes a leer porque, según explicaron, la lectura mejora el léxico y ayuda a crecer mentalmente. También afirmaron que la literatura les ha permitido expresarse mejor y perder el miedo escénico, hasta sentirse más seguros al hablar frente a un grupo. Incluso recomendaron empezar con títulos como «El principito» por su facilidad de lectura para adolescentes.
La presencia de jóvenes dominicanos y de otros países en la FILSD 2026 confirma que hay una base real de interés por los libros. Pero ese dato también obliga a fiscalizar qué se hace más allá del evento para convertir ese entusiasmo en una política sostenida y no en una postal ocasional. En un contexto donde la gestión suele privilegiar la imagen, la feria deja una señal institucional clara: cuando la juventud responde, lo que corresponde es rendición de cuentas sobre resultados permanentes, no solo celebración del momento.
