Desde muy temprano de ayer, decenas de familias llegaron a varios cementerios de Santo Domingo para rendir tributo a sus madres fallecidas, en una jornada acompañada por flores, velones, oraciones y recuerdos. La concurrencia en camposantos como los de la Máximo Gómez, Cristo Rey, Cristo Redentor, Cristo Salvador y Puerta del Cielo mostró que, para muchos, el Día de las Madres estuvo más marcado por la ausencia que por la celebración.
En los recorridos, varios visitantes consultados por este diario reiteraron que la fecha va mucho más allá de un homenaje ocasional y remite a vínculos, enseñanzas y afectos que no desaparecen. Rudelania Vargas, al recordar a su madre fallecida hace un año, afirmó que “eso no se olvida jamás” y sostuvo que el sentido de la fecha debe traducirse en una expresión permanente de amor y gratitud. También exhortó a valorar a las madres en vida: “El que tenga su madre viva, que le dé amor, cariño y que la cuide todos los días, porque cuando eso se pierde, no hay para nadie”.
La escena en los cementerios dejó así un contraste claro entre la conmemoración pública y la realidad íntima de muchas familias, que hallaron en los camposantos el centro de la jornada. Más que una imagen de celebración, el día dejó una señal sobre lo que pesa para la gente: memoria, cuidado y atención a lo esencial.
