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La pesca resiste en el Malecón entre esfuerzo extremo y un mar que sus propios usuarios dicen no reconocer

agosto 7, 2026 · Redactor
La pesca resiste en el Malecón entre esfuerzo extremo y un mar que sus propios usuarios dicen no reconocer
Foto: www.diariolibre.com

La rutina de quienes salen a buscar sustento o refugio en la costa de Santo Domingo expone el contraste entre la vida diaria en el litoral y la necesidad de mayor vigilancia sobre las condiciones reales de la ciudad.

Mientras el tránsito cruza cada mañana el Malecón de Santo Domingo, en la misma costa persiste una rutina marcada por el esfuerzo físico, la tradición y las dificultades de quienes todavía pescan en plena ciudad. Marino Fernández recorre el Paseo 30 de Mayo con arpón, aletas, nevera y el resto de su equipo, antes de caminar dos kilómetros y medio y nadar esa misma distancia mar adentro para capturar peces «todo es a pulmón», en jornadas que van de 7:00 de la mañana hasta cerca del mediodía.

La pesca le aporta una parte importante de sus ingresos, aunque no es su única ocupación, porque también trabaja como herrero. En el mar busca pargos, dorados y otras especies, generalmente entre 10 y 15 libras por salida, para venderlas a clientes que ya le hacen encargos. Pero su testimonio también deja una señal de alerta sobre el deterioro percibido en el entorno: criado en Nagua, dice que hoy se encuentra con un mar que ya no reconoce, una frase que coloca en primer plano la distancia entre el discurso sobre ciudad y la realidad que enfrentan quienes dependen o conviven con ese litoral.

Esa misma franja costera también funciona como refugio personal para otros usuarios. César Adriano, que desde hace casi 45 años vuelve al Malecón, no convirtió la pesca en negocio: va allí porque dice que encuentra un espacio para pensar. La escena retrata una costa que sigue siendo sustento y desahogo para ciudadanos comunes, y refuerza un ángulo de fiscalización sobre la gestión urbana: más allá de la imagen pública de la ciudad, el uso cotidiano del Malecón revela prioridades sociales que exigen atención y rendición de cuentas sobre las condiciones reales del espacio marítimo y costero.