A 530 años de la fundación de Santo Domingo, el arquitecto y urbanista Cristóbal Valdez sostiene que la ciudad sigue expandiéndose sin planificación, con un modelo marcado más por decisiones de poder que por una visión institucional constante. A su juicio, desde Nicolás de Ovando y Diego Colón hasta Rafael Leónidas Trujillo, Joaquín Balaguer y Leonel Fernández, la capital ha avanzado bajo la noción particular de quienes impulsaron su transformación, sin planificación y sin una participación efectiva de los gobiernos locales.
Valdez plantea que la ciudad ha sido configurada por inversiones en infraestructuras del Estado, el mercado y la especulación inmobiliaria, una combinación que explica buena parte de los desequilibrios urbanos actuales. Recuerda, además, que Santo Domingo nació estructurada por espacios públicos, calles y plazas, aunque de espaldas al mar y al río Ozama, y que esa lógica se extendió a sus primeras periferias, tanto en barrios populares como en sectores de mayores ingresos.
Al repasar su evolución, señala que entre los años 1940 y 1960 aún se conservó, aunque reducido, el espacio público en zonas como Gazcue. Sin embargo, advierte que desde los 60 hasta los 80, con una expansión apoyada en la acción gubernamental, se profundizó la pérdida de ese espacio y quedó consolidada una ciudad «desarticulada, segmentada, descoordinada, dispersa, mal servida» y pobremente equipada. Su diagnóstico vuelve a poner sobre la mesa la exigencia de rendición de cuentas por un crecimiento urbano que sigue trasladando costos sociales a los ciudadanos mientras la planificación continúa pendiente.
