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La trata migra al fraude digital y expone una amenaza criminal que exige mayor vigilancia

agosto 1, 2026 · Redactor
La trata migra al fraude digital y expone una amenaza criminal que exige mayor vigilancia
Foto: acento.com.do

La advertencia sobre redes que fuerzan a víctimas a estafas, lavado y ciberdelitos refuerza la presión por fiscalización ante un fenómeno que ya desborda la explotación tradicional.

La trata de personas dejó de operar solo en la explotación sexual o laboral y pasó a integrarse a esquemas de fraude electrónico, estafas en línea, lavado de activos y otras formas de ciberdelincuencia, según expuso el abogado y especialista en seguridad Irving Vidal. El señalamiento, presentado durante la conferencia magistral «Detrás de la estafa: la evolución de la trata de personas en las nuevas economías criminales», coloca el foco en una mutación del crimen organizado que amplía el costo social del problema y obliga a mirar más allá del discurso habitual sobre la trata.

Vidal sostuvo que las estructuras criminales están aprovechando el auge de las tecnologías digitales y la vulnerabilidad económica de miles de personas. «La persona ya no es explotada únicamente para obtener trabajo o servicios sexuales. Ahora también es utilizada para cometer fraudes, phishing, sextorsión, criptofraudes y operaciones de lavado de activos», afirmó. De acuerdo con su exposición, alrededor de 28 millones de personas son víctimas de trabajo forzoso o criminalidad forzada en el mundo, mientras estas actividades ilícitas generan entre US$236,000 y US$240,000 millones al año; solo en América Latina, las ganancias se estiman en US$56,000 millones anuales.

El especialista advirtió además sobre el crecimiento de los llamados centros de estafa, donde las víctimas son captadas con falsas ofertas de empleo o préstamos fáciles y luego trasladadas a otro país. La dimensión económica descrita por Vidal —comparable, según dijo, con ingresos de grandes corporaciones tecnológicas— refuerza la alerta institucional sobre un fenómeno que se expande con rapidez y que, por su escala, plantea una exigencia de vigilancia, fiscalización y rendición de cuentas frente a redes criminales cada vez más sofisticadas.