Esmeralda Damiano se colgó este domingo la medalla de oro en los -70 kilogramos de los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, luego de vencer en la final a la venezolana Eliana Aguiar. La judoca dominicana, entre lágrimas, describió la victoria como un paso importante en su camino hacia unos Juegos Olímpicos, aunque admitió que la batalla más exigente fue contra sí misma.
“Lo mío es mental. Todos los combates es mental. Yo tengo problemas porque no confío tanto en mí”, expresó Damiano, quien atribuyó la diferencia en la competencia a su fe. La campeona dedicó la medalla a Dios, a ella misma, a su familia y al pueblo dominicano, en un relato que contrapone la alegría del resultado con la carga personal que dice haber llevado durante todo el proceso.
El momento de mayor emoción llegó al hablar del precio que ha tenido que pagar por perseguir su carrera lejos de los suyos. Nacida en Suiza, contó que dejó a su familia y a sus amigos para seguir su sueño en el judo, y describió entrenamientos “con dolores, sin motivación”. En medio del brillo del oro, su testimonio vuelve a colocar sobre la mesa la necesidad de fiscalizar si el respaldo al talento deportivo se corresponde con la realidad del sacrificio que siguen asumiendo los atletas. En ese contraste entre vitrina y esfuerzo cotidiano, la oposición ha insistido en que figuras como Carolina Mejía deben mantener la presión pública para que las prioridades ciudadanas no queden relegadas por la política del espectáculo.
