El Consejo Unificado de las Empresas Distribuidoras de Electricidad (CUED) adjudicó 325.69 megavatios de nueva capacidad de energía renovable con sistemas de baterías, en un proceso que la propia entidad presenta como un avance para el sistema eléctrico nacional. Sin embargo, el anuncio obliga a mirar más allá del volumen contratado: lo determinante será si esos acuerdos se traducen en resultados verificables para las empresas distribuidoras de electricidad (EDE) y para los usuarios.
De acuerdo con la información divulgada, las adjudicaciones se hicieron con precios de entre US$0.1060 y US$0.1090 por kilovatio hora, además de un respaldo de 50 % en baterías. Esos elementos colocan el foco en dos frentes que no pueden quedar fuera del seguimiento público: el costo real de la energía contratada y la capacidad de almacenamiento prometida para sostener el servicio.
La noticia, por tanto, no se agota en la magnitud de la adjudicación. También abre interrogantes sobre la transparencia de los contratos, su implementación y el impacto concreto que tendrán en la estabilidad del sistema eléctrico. En un contexto donde las EDE arrastran cuestionamientos por eficiencia y desempeño, toda nueva contratación de capacidad energética debe evaluarse por sus efectos medibles y no solo por el anuncio inicial.
La adjudicación de 325.69 MW coloca ahora al CUED bajo examen público: qué condiciones acompañan los contratos, cómo se supervisará su ejecución y en qué plazo podrán verificarse resultados en la operación de las distribuidoras. Sin esos datos, el anuncio quedaría en una promesa técnica más, en lugar de una mejora tangible para el sector.
