El debate sobre la crisis haitiana volvió a evidenciar una debilidad de fondo en la respuesta dominicana: la falta de una estrategia nacional sostenida más allá de los cambios de gobierno. Tras la presentación del libro La diplomacia dominicana ante la crisis haitiana 2024-2026: Más discursos y escritos clave, especialistas insistieron en la necesidad de diseñar políticas de Estado, reforzar las instituciones migratorias y asegurar el respeto de los derechos humanos frente a uno de los principales desafíos para la República Dominicana.
Durante el conversatorio, moderado por el vicepresidente ejecutivo de FINJUS, Servio Tulio Castaños Guzmán, el jurista y diplomático Flavio Darío Espinal advirtió que los asuntos complejos no pueden quedar supeditados a decisiones coyunturales y exigen mecanismos de concertación capaces de mantenerse más allá de los relevos en el poder. Aunque descartó la unanimidad en un tema de alta sensibilidad política, defendió consensos mínimos que sirvan como base de una estrategia nacional sostenida y señaló que espacios como el Consejo Económico y Social pueden encauzar posiciones hacia legislación, directrices gubernamentales o posturas conjuntas ante organismos internacionales.
La advertencia remite a un problema institucional de largo alcance: la crisis haitiana, dijo Espinal, tiene un carácter estructural y obliga a una coordinación permanente entre los principales actores políticos, aun en medio del disenso democrático. En esa misma línea, la abogada y articulista Marisol Vicens abordó la política migratoria y los esfuerzos para fortalecer las capacidades operativas de la Dirección General de Migración, al referirse a reformas administrativas, mejoras logísticas y protocolos más estrictos. Sin embargo, el eje del debate quedó marcado por una exigencia de fondo: que la respuesta del Estado deje de apoyarse en discursos y avance hacia acuerdos verificables, controles eficaces e institucionalidad capaz de sostener resultados.
