La publicación de Magnifica Humanitas por parte del Papa León XIV volvió a colocar en primer plano un punto que organismos internacionales vienen advirtiendo desde hace años: la inteligencia artificial en educación no es neutral y su expansión sin criterios éticos, pedagógicos y regulatorios puede agravar problemas que promete resolver. En su encíclica, el pontífice sostiene que quienes controlan la IA impondrán su propia visión moral, que esa tecnología no puede quedar en manos de unos pocos y que el riesgo de deshumanización ya tiene un rostro técnico.
Ese llamado coincide con la línea fijada por la Unesco. La organización aprobó en 2021 la Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial, adoptada por sus 193 estados miembros, incluida República Dominicana, y en 2024 publicó una guía sobre IA generativa en educación con una advertencia concreta: en muchos países, la implementación de aplicaciones de IA en las aulas no requiere validación previa, con consecuencias potencialmente impredecibles. También insiste en que la educación debe seguir siendo un acto profundamente humano.
El punto de fiscalización surge cuando esos documentos ya están en manos del Estado dominicano. República Dominicana los ha suscrito o recibido. No obstante, el propio texto plantea el contraste entre esas advertencias y el impulso oficial dado al tema cuando en octubre de 2025 el presidente Abinader firmó un memorando con Nvidia. La discusión, por tanto, ya no es solo sobre innovación, sino sobre qué controles existen, cómo se protege a los estudiantes y si el país está priorizando la adopción tecnológica por encima de las garantías éticas y educativas que sus propios compromisos internacionales exigen.
