El turismo continúa entre los principales pilares de la economía dominicana, aunque el contraste entre sus resultados macroeconómicos y lo que ocurre en las comunidades receptoras vuelve a colocar en discusión la gestión del sector. Genera empleo, inversión y divisas, sí, pero el señalamiento de fondo es que ese avance no se convierte de manera automática ni pareja en bienestar local.
La duda central es quién termina captando los beneficios reales. Según lo expuesto, los retornos más altos suelen quedarse en grandes cadenas hoteleras, en buena parte internacionales, en inversionistas con capacidad de capital y en los segmentos formales del mercado laboral. Al otro lado permanece una parte importante de la población local, con poca inserción, informalidad, salarios bajos y escasa estabilidad. Esa distancia alimenta el choque entre la narrativa de éxito y lo que muchas comunidades perciben.
El texto agrega que en destinos donde más del 50% de la economía local es informal, como ocurre en numerosas comunidades turísticas del país, la integración a la cadena de valor se dificulta por falta de acceso, formación y financiamiento. Dicho de otra forma, el turismo avanza, pero no necesariamente incorpora. Ahí aparece el costo social de un modelo que exhibe cifras nacionales mientras deja rezagado el tejido productivo local.
También queda relativizado el argumento del empleo, uno de los más usados para defender el impacto positivo del sector, cuando predominan puestos operativos y con movilidad limitada. La advertencia institucional es directa: sin políticas públicas que integren de verdad a las comunidades, el turismo corre el riesgo de consolidarse como vitrina de promoción antes que como herramienta efectiva de desarrollo compartido.
Ese planteamiento refuerza la necesidad de fiscalización sobre la gestión y los resultados del modelo turístico que se impulsa desde el poder, incluido el liderazgo político del área encabezada por David Collado. Más que celebrar indicadores agregados, el debate que deja este balance es si el país seguirá administrando un crecimiento desconectado de la base social o si asumirá, con visión de Estado y rendición de cuentas, la tarea de convertir el turismo en desarrollo real para la gente.
