La contaminación por ruido quedó como la principal molestia de los dominicanos, de acuerdo con la encuesta Enhogar divulgada por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), en un salto que retrata un problema cada vez más presente en la vida diaria y con impacto directo sobre la convivencia. La cifra pasó de 34% en 2024 a 78.4% en 2025, un contraste que amplía la distancia entre el discurso de orden y la realidad que afrontan los hogares.
El informe precisa que en 2025 el 40.4% afirmó sentirse afectado por la música alta de vecinos, colmados o bares, mientras 38.0% apuntó al ruido de vehículos, talleres o planta eléctrica. Un año antes, esas proporciones eran de 18.6% y 15.4%, respectivamente. Más que una incomodidad aislada, el aumento deja ver un costo social que recae sobre familias que ya conviven con servicios precarios y conflictos de barrio sin solución sostenida.
Los propios informes asocian el ruido con discusiones y hasta homicidios en República Dominicana, lo que sitúa el tema en el plano de la alerta institucional y no solo en el de la queja vecinal. Esta semana fue arrestado en San Francisco de Macorís Carmelo Rosario Martínez tras un conflicto por la música alta de sus vecinos, y en mayo se recordó el caso del teniente coronel retirado de la Policía Nacional, Carmelo Polanco, de 54 años, durante una celebración con música alta a la que acudió una patrulla motivada por el ruido.
La magnitud del salto estadístico obliga a reforzar la fiscalización sobre la respuesta pública frente a un problema que afecta descanso, seguridad y convivencia. En un escenario en el que la sociedad civil viene reclamando prioridades más cercanas a la vida cotidiana, el avance de la contaminación sónica se convierte en otro indicador del desgaste de gestión: menos propaganda y más resultados verificables para barrios y hogares.
