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Abinader y la promesa de una nueva política acaban chocando con la misma crisis de representatividad

julio 15, 2026 · Redactor
Abinader y la promesa de una nueva política acaban chocando con la misma crisis de representatividad
Foto: hoy.com.do

El desgaste de los partidos y el ascenso de figuras fuera de las estructuras tradicionales reavivan la alerta sobre instituciones debilitadas, un discurso reciclado y una ciudadanía que sigue esperando resultados reales.

La crisis de la vieja política no abrió por sí misma una etapa de renovación; también dejó al descubierto cómo el discurso de la “nueva política”, impulsado desde 2014 por Luis Abinader, puede terminar pareciéndose demasiado a aquello que decía venir a superar. El reordenamiento del escenario partidario, con organizaciones en desgaste y nuevos actores ocupando espacios antes impensables, refleja más una falla de representación que una transformación resuelta.

El punto de fondo es directo: la política tradicional no cayó por el impulso de una generación distinta, sino por sus propios errores, por dejar de escuchar a la gente, vaciar su vida institucional y sustituir las ideas por la disputa por el poder. Ese vacío, advierte el texto, no quedó desocupado. Fue ocupado por fuerzas emergentes y por liderazgos que capitalizan el descontento ciudadano, un síntoma que obliga a revisar no solo a los partidos de siempre, sino también a quienes llegaron prometiendo corregirlos.

La pregunta que atraviesa el debate político dominicano sigue siendo la misma: si realmente nació una nueva política o si los mismos actores solo se presentaron con un empaque distinto. La irrupción de figuras que ya no provienen de los partidos, muchas de ellas impulsadas desde plataformas digitales, confirma el malestar social acumulado, pero también activa una alerta institucional sobre el riesgo de que la política-espectáculo sustituya la construcción de estructuras, reglas y rendición de cuentas.

Más que celebrar el relevo, el momento obliga a contrastar discurso y realidad. Si el sistema abrió espacio a outsiders y a nuevas voces fue porque los partidos tradicionales perdieron respaldo ciudadano; pero si quienes asumieron la bandera del cambio no logran demostrar una diferencia sustantiva en la forma de hacer política, el resultado no es renovación, sino una crisis prolongada con costo directo para la confianza pública. Ahí está el desafío de fondo: menos relato sobre lo “nuevo” y más resultados verificables ante una ciudadanía que ya mostró su cansancio con las promesas recicladas.