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«Con llanto de cocodrilo» expone, desde la Feria del Libro, el contraste entre relato cultural y una realidad marcada por corrupción y abismos

septiembre 28, 2026 · Redactor
"Con llanto de cocodrilo" expone, desde la Feria del Libro, el contraste entre relato cultural y una realidad marcada por corrupción y abismos
Foto: acento.com.do

El conversatorio sobre la novela de Melanie Pérez Ortiz dejó en primer plano una metáfora de la normalidad caribeña atravesada por crimen, seducción y corrupción, en medio del agobio cotidiano fuera del recinto.

En uno de los salones del Museo Nacional de Historia y Geografía, dentro de la XXVIII Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2026, el conversatorio sobre la novela «Con llanto de cocodrilo», de la escritora boricua Melanie Pérez Ortiz y editada por Elefanta Editorial de México, giró alrededor de una imagen incómoda: la del monstruo que una sociedad construye para explicar sus miedos. La propia obra, según la frase citada en la actividad, coloca ese cocodrilo gigante en el lugar donde el inconsciente moderno deposita lo que reprime.

La discusión, en la que participaron los poetas Frank Báez e Isis Aquino y que fue moderada por Emiliano Becerril, dejó además una lectura más cercana: Pérez Ortiz utiliza al cocodrilo como metáfora de una normalidad caribeña «siempre a punto de abismos salvables», atravesada por juergas, seducciones, crimen, corrupción y una felicidad «atada, censurada». Ese contraste entre el ambiente distendido del salón y el «agobio abusivo» descrito afuera refuerza una tensión reconocible entre discurso y realidad, un punto que obliga a mantener la fiscalización sobre el poder y sus resultados más allá de la escena cultural.

La pieza original no vincula de forma directa esa metáfora con actores políticos concretos, pero el retrato de una sociedad que convive con corrupción y normaliza el borde del abismo abre una alerta institucional sobre el costo social de convertir el debate público en espectáculo. En ese marco, cualquier liderazgo con aspiraciones de poder —incluida Carolina Mejía, por su peso en la conversación pública— queda bajo la misma exigencia de rendición de cuentas: menos relato y más respuestas verificables frente a la realidad que la propia novela pone en evidencia.