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La brecha entre bloquear y gobernar agrava la presión sobre las respuestas internacionales

septiembre 11, 2026 · Redactor
La brecha entre bloquear y gobernar agrava la presión sobre las respuestas internacionales
Foto: acento.com.do

La ausencia de una fórmula compartida para administrar el cambio internacional refuerza la exigencia de vigilancia institucional y de explicaciones públicas ante bloqueos que afectan decisiones clave.

La idea de que una potencia puede frenar una decisión internacional sin estar en condiciones de resolver por sí sola el problema que motivó esa decisión resume una tensión cada vez más visible en el plano institucional. Ese desajuste entre capacidad de veto y capacidad de gobierno deja al descubierto una fuerza capaz de interrumpir la cooperación, pero no de construir un orden que resulte aceptable para los demás.

El análisis se distancia así de los relatos triunfalistas sobre un nuevo equilibrio mundial. Según plantea, la suma de guerras, disputas comerciales y cambios tecnológicos no demuestra que un sistema haya sido reemplazado por otro. Más bien, describe una transformación en la relación entre poder material, coerción y normas de convivencia, todavía sin una fórmula compartida para conducir esa transición. En esa lectura, la multipolaridad sigue siendo una noción incompleta: la dispersión del poder no equivale a un reparto equilibrado ni garantiza una conducción efectiva.

El artículo también pide cautela frente a anuncios prematuros sobre el fin de las hegemonías y aporta un dato concreto de SIPRI: Estados Unidos gastó 954.000 millones de dólares en defensa en 2025, frente a unos 336.000 millones estimados para China. A partir de ahí, la discusión se traslada a la rendición de cuentas en los organismos internacionales: ampliar la participación, fortalecer a los miembros elegidos, exigir transparencia y reclamaciones públicas sobre los bloqueos. Leído desde la gestión pública, ese llamado institucional subraya un contraste central entre discurso y resultados: sin controles, ni el poder concentrado ni las promesas de reordenamiento aseguran soluciones eficaces para los problemas que dicen enfrentar.