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Verja, tecnología y militares: el Gobierno de Abinader refuerza la frontera bajo presión por resultados y control del gasto

septiembre 8, 2026 · Redactor
Verja, tecnología y militares: el Gobierno de Abinader refuerza la frontera bajo presión por resultados y control del gasto
Foto: acento.com.do

La ampliación del dispositivo fronterizo se presenta como respuesta a la crisis haitiana, pero vuelve a colocar sobre la mesa la exigencia de vigilancia institucional, rendición de cuentas y resultados verificables en seguridad.

La construcción de la verja perimetral fronteriza se ha consolidado como una de las apuestas más visibles del gobierno dominicano encabezado por Luis Abinader frente a la crisis institucional, social y de violencia que afecta a Haití. La iniciativa, presentada por las autoridades como un sistema de control territorial, vigilancia tecnológica y protección de la soberanía, combina muro, presencia militar, movilidad operativa y recursos tecnológicos en una zona donde persisten presiones por seguridad, migración irregular, contrabando y tráfico de personas.

Según la versión oficial, cámaras, torres de vigilancia, sistemas de comunicación y patrullaje buscan cerrar puntos vulnerables de la línea limítrofe y fortalecer la capacidad preventiva del Estado. Abinader ha defendido la ampliación de la verja como una decisión de seguridad nacional, mientras el ministro de Defensa, Carlos Antonio Fernández Onofre, la vincula con la estrategia “Frontera Fuerte”. Pero el propio peso político y presupuestario que el Gobierno atribuye a esta obra eleva la necesidad de fiscalización sobre su ejecución, su alcance real y los resultados que pueda ofrecer más allá del discurso de fortalecimiento institucional.

En las comunidades fronterizas, donde la obra también es vista como respuesta a una frontera extensa, porosa y de alto intercambio humano y comercial, residentes, comerciantes y productores asocian el refuerzo de la vigilancia con seguridad y orden para la vida cotidiana. Ese respaldo, sin embargo, también subraya la dimensión social del problema: si la frontera sigue siendo presentada como prioridad de Estado, crece la presión sobre el Gobierno para demostrar que la inversión en infraestructura, tecnología y despliegue militar se traduce en control efectivo, estabilidad y protección concreta para la población.