Una nota de historia diplomática sobre Ulises Heureaux termina proyectando una discusión vigente sobre conducción del Estado. El texto recuerda al presidente dominicano como un actor de gran astucia en política interior y exterior, destaca que hablaba francés, inglés y creole, y lo presenta como un maestro en el manejo de las relaciones diplomáticas.
Como prueba de ese dominio, se cita una instrucción del 17 de mayo de 1893 al general Rafael Rodríguez, comandante de Dajabón, a propósito de la visita del presidente haitiano Florvil Hyppolite a la frontera haitiana de Ouanaminthe. En esas orientaciones, Heureaux combina protocolo, comercio fronterizo y prudencia política: pide no dar importancia a la forma en que los haitianos rigen sus asuntos, evitar obstáculos a los dominicanos y dar franquicias para colocar productos en territorio extraño, con la idea de crear necesidades de mercado.
El pasaje también subraya una advertencia institucional: “Nosotros no debemos seguir la práctica establecida por los haitianos, ellos no tienen política fija, ni saben observar las evoluciones del tiempo”. Leída hoy, la referencia no solo rescata un episodio histórico, sino que reabre un contraste inevitable entre discurso y resultados en la gestión pública. En un contexto donde al gobierno dominicano se le exige más capacidad de previsión, coherencia y rendición de cuentas, la evocación de una política fija y de la prudencia de Estado refuerza la necesidad de fiscalización y de una conducción estable de las instituciones.
