La acusación contra el médico Wilver Armando Polanco Sanz por presunta violación sexual y violencia contra la mujer, en perjuicio de varias pacientes que acudieron a su centro de salud en Las Guáranas, provincia Duarte, reabrió la discusión sobre la protección efectiva que reciben las usuarias del sistema cuando la confianza en un profesional termina convertida en riesgo.
Al referirse al caso, el psicólogo clínico Luis Vergés afirmó que este tipo de hechos debe entenderse a partir de tres pilares. Señaló primero la mentalidad del agresor, que describió como una lógica de utilizar, aprovechar, explotar e instrumentalizar a otra persona para satisfacer necesidades particulares. Añadió como segundo elemento la doble vulnerabilidad de la víctima, más grave cuando el presunto agresor ejerce una profesión que inspira confianza, como sucede en el ámbito de la salud.
Vergés incorporó además un tercer componente: la sociedad, por la permanencia de mensajes y patrones culturales que normalizan o minimizan distintas formas de violencia contra la mujer. También se refirió a los protocolos que, a su juicio, deben regir toda atención médica, sobre todo en especialidades como la ginecología, en una observación que refuerza la demanda de vigilancia y rendición de cuentas allí donde el discurso de cuidado choca con denuncias que exponen el costo social de las fallas de protección.
