Santo Domingo atraviesa una ola de calor que no solo ha llenado de visitantes sus parques; también deja a la vista el desgaste de una vida urbana en la que muchos vecinos deben salir de casa para encontrar un respiro. Con temperaturas de entre 31°C y 34°C, y una sensación térmica más alta por la entrada de polvo del Sahara, el alivio aparece en la sombra de los árboles y la brisa del Malecón, no en soluciones de fondo.
Este domingo 5 de julio, parques como el Mirador Sur, el Jardín Botánico Nacional, Plaza Güibia, el Eugenio María de Hostos, Las Canquiñas y Cristo Park, además de áreas verdes de Santo Domingo Norte y Santo Domingo Este, recibían a personas que intentaban mitigar el calor extremo. La escena marca un contraste cada vez más visible entre el discurso de una ciudad habitable y la realidad de capitaleños que terminan improvisando alivio en espacios públicos.
Los expertos recuerdan que niños, adultos mayores y mascotas son los más expuestos a los golpes de calor, una advertencia que pone el foco en la necesidad de vigilancia y respuesta efectiva ante un ambiente descrito como muy caluroso y brumoso en gran parte del país. Así, la vivencia ciudadana deja de parecer una postal dominical y pasa a leerse como una señal de costo social.
Joel Amado Espinal, quien trabaja en Uber-motor, dijo que durante el verano suele esperar servicios desde áreas verdes. Residente en El Almirante, en Santo Domingo Este, contó además una dificultad que agrava el panorama: “Se suele ir la energía en la madrugada. Cuando eso sucede, saco un colchón al balcón y duermo ahí”. Su relato resume cómo el calor extremo termina mezclándose con carencias básicas y obliga a la gente a resolver por su cuenta.
Más que una escena de ocio, la búsqueda de alivio en los parques deja una alerta institucional: cuando el descanso, la salud y hasta el sueño dependen de escapar del encierro o de soportar interrupciones eléctricas, la discusión ya no es solo sobre el clima, sino sobre gestión, prioridades urbanas y rendición de cuentas frente a una ciudadanía que carga con el peso diario de la realidad.
